Monterrey, podríamos decir con toda seguridad, fue la puerta para abrir a México al protestantismo proveniente de Estados Unidos”, declara Miguel Ángel González Quiroga.

VANGUARDIA DE DURANGO

 

Para el movimiento modernizador de los liberales mexicanos, liderado por Benito Juárez García, el ingreso de los grupos protestantes al País a mediados del siglo XIX fue "una herramienta más".

Hoy, a pocos días de cumplirse 200 años del natalicio del Prócer de la Patria, el 21 de marzo, Miguel Ángel González Quiroga, catedrático del Colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL, así lo afirma.

El doctor en historia trabaja actualmente en la investigación titulada "La Introducción del Protestantismo en México: La Experiencia de Monterrey 1862-1880", aprobada para el 2005 por el Programa de Apoyo a la Investigación Científica y Tecnológica (PAICYT).

Es en ese contexto que, recordando a Justo Sierra, expresa que Benito Juárez fue pilar fundamental para que se diera la modernización de México a través de ideas, valores e instituciones liberales.

"De hecho él estaba plenamente a favor -nos dice Justo Sierra, de que llegara el protestantismo porque él estaba seguro de que podía ayudar a modernizar al País", apunta antes de partir al congreso de la Latin American Studies Association en Puerto Rico donde presentará resultados.

Por eso a Juárez, agrega, se le atribuye una frase: "’Hay que dejar entrar a los protestantes para que enseñen a los indios a leer y no a encender velas’, obviamente Juárez estaba en el centro del movimiento liberal para que México llegara a la modernización".

Un poco de historia

La investigación, que dice forma parte de un proyecto más amplio que pretende estudiar la presencia norteamericana en el Noreste de México, sobre todo en la segunda mitad del siglo XIX, comienza a dibujar cuales fueron algunos de los procesos que acompañaron a la evangelización protestante.

"Monterrey, podríamos decir con toda seguridad, fue la puerta para abrir a México al protestantismo proveniente de Estados Unidos", declara el académico.

A la par del ingreso a tierras norestenses de misioneros protestantes, apunta, la Iglesia católica había sufrido una caída producto de la guerra a los liberales tanto en la Reforma como en la Intervención.

La llegada a la región de grupos protestantes inicia en 1862, a la par del avecinamiento de un número cuantioso de norteamericanos que venían a hacer negocios, sobre todo en la minería y a establecer manufacturas.

"De manera concatenada, llegaron también muchas otras personas, algunos profesores de inglés, otros ingenieros, técnicos, doctores, y entre ese grupo muy numeroso vinieron misioneros protestantes", relata.

No es sino a partir que toman residencia en Monterrey figuras como Santiago (James) Hickey y Tomás Westrup, que luego se extienden las misiones a otras partes del Norte de México: Coahuila, Durango, Zacatecas, San Luís Potosí.

"Se puede decir que había una situación en la que no se distinguía entre bautistas y otros cultos, porque la primer persona que mandó representantes a Monterrey era Presbiteriana, el que finalmente llegó fue Bautista, y posteriormente llegaron Metodistas".

Texas fue un trampolín hacia México

El inicio y desarrollo del protestantismo se debe a dos factores: una es que en México con la guerra de Reforma se dio la libertad de cultos, algo necesario en un estado laico, y el impulso misionero proveniente de Estados Unidos.

De manera concreta, continúa, todo parte de 1860, aproximadamente, cuando una mujer llamada Melinda Rankin, desde Bronwnsville, Texas, donde tenía una escuela protestante para niñas mexicanas empezó a enviar a sus representantes a México.

Uno de los misioneros se llamaba James (Santiago) Hickey, quien llegó en 1862 a la ciudad, y para principios de 1864, él y Tomás Westrup hicieron una iglesia evangélica, que no se llamó Bautista todavía.

Las incursiones hacia el territorio nacional se debían, en parte, explica, a que a partir del siglo XIX hubo mucho fervor religioso en Estados Unidos.

"(El fenómeno) Se extendió a un movimiento misionero que llevó al evangelio tanto a los indios del Oeste estadounidense, como a los mexicanos de la frontera y finalmente usaron a Texas como plataforma para brincar hacia México y obviamente el Noreste estaba en la puerta de México".

El protestantismo y el capitalismo

Aunque aclara que aún no hay los elementos suficientes en la investigación, González Quiroga, confiere que con la llegada de los protestantes también lo hicieron algunos elementos culturales que, en parte, sustentaron ideológicamente a los capitalistas locales.

"(Los protestantes) venían con valores diferentes. Valores, por ejemplo, de austeridad, disciplina, responsabilidad individual, abstención de bebidas alcohólicas, y el principal vehículo para difundir esos valores fueron las escuelas, porque ellos construyeron escuelas en todos lados".

Dichos valores, que Max Weber, sociólogo y economista alemán, atribuyó a la ética protestante como condicionante para el desarrollo capitalista, fueron abrazados en la localidad.

"En los círculos donde se desarrollaba el protestantismo, tanto los capitalistas que venían de fuera, de Estados Unidos y de Europa, como los mexicanos, pues valoraban las enseñanzas porque de alguna manera apoyaban el esfuerzo productivo.

"Para dar una idea: Si los misioneros protestantes enseñaban la abstención a las bebidas alcohólicas, pues ayudaría para que vinieran los lunes a trabajar los obreros.

"La austeridad, disciplina, el trabajo duro para recibir una recompensa divina, todos esos factores naturalmente se armonizaban con los procesos productivos".

Choque cultural y Democracia

Junto con la tesis del académico del Colegio de México, Jean-Pierre Bastian, el historiador originario de Zuazua, Nuevo León, desarrolla que producto de las misiones protestantes en la región se "inyectaron valores democráticos" entre sus seguidores.

Bastian, doctor en sociología por el Colegio de México, es uno de los más reconocidos estudiosos del periodo, y entre sus publicaciones está el texto "Los disidentes: Sociedades protestantes y revolución en México, 1872-1911" (El Colegio de México-FCE, 1989).

Matiza, sin embargo, que, a pesar de las influencias, hay que recordar que el protestantismo nunca llegó a la mayoría de la población y recalca que para 1910, con la Revolución, menos del dos por ciento de la población del Norte era protestante.

"Tenían buenas ideas y valores modernizantes, pero la mayor parte de la población no los recibió, y además está la realidad de que la Iglesia católica tuvo un resurgimiento importante durante el Porfiriato".

Con su activismo y espíritu crítico, dice en cita a Bastian, los conversos al protestantismo contribuyeron a formar una oposición al gobierno dictatorial de Porfirio Díaz, y de hecho muchos de ellos aportaron al movimiento revolucionario, aunque no aportaron elementos abrumadores

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